sábado, 9 de septiembre de 2017

215. PLANTAS SEGURAS



Estas jardineras colocadas en calles y plazas  son algunos ejemplos, entre muchos, de una nueva funcionalidad que hemos dado a las plantas en los últimos años: la de aportarnos “seguridad”, estrechando así, aún más, el vínculo que nos une a ellas.
Evidentemente, una jardinera a modo de bolardo puede generar una cierta tranquilidad, pero no basta por sí sola para hacer que un determinado lugar quede objetivamente "libre de peligro, no expuesto", tal como solemos entender hoy el significado de la palabra seguridad. Para ello, esa jardinera debe formar parte de un dispositivo global de prevención de daños causados tanto por actos intencionales (terroristas o simplemente vandálicos) como no intencionales (inundaciones, incendios, etc.). Además, tal dispositivo de prevención debe estar concienzudamente trazado de manera que pueda integrar a los diferentes actores responsables de la seguridad pública en un plan conjunto que evite confusiones.
Dicho esto, una cosa es estar seguros y otra muy distinta es sentirnos seguros. Pues las barreras, ya sean murallas, bolardos o jardineras, crean una seguridad objetiva que nunca podrá acabar con ese sentimiento de inseguridad, subjetivo, que está arraigado en el interior de cada uno de nosotros, producto de nuestros miedos, muchas veces infundados.
Si queremos estar y sentirnos verdaderamente seguros, allí donde coloquemos barreras, pongamos también inversión en educación para combatir la ignorancia.