domingo, 3 de marzo de 2013

09. DE LIMONES Y NARCISOS



Ha llovido mucho toda la mañana. Cuando el Sr. G ha venido, nos hemos sentado a cubierto de la lluvia en la terraza, junto a la puerta de entrada. Como la terraza está un poco elevada respecto al suelo del jardín, desde nuestros asientos veíamos sobre todo las ramas del limonero. Le he dicho al Sr. G: “Acuérdate, al irte, de llevarte unos limones, ya quedan pocos; por suerte están empezando a brotar nuevas flores”. El Sr. G me lanzó una mirada de complicidad que no supe entender, y luego siguió callado. Estuvimos un buen rato en silencio, mirando, escuchando y oliendo cómo la lluvia mojaba el limonero.
Le hablé al Sr. G de mi blog de jardinería. Una amiga mía opinaba que los blogs eran algo muy narcisista. Este comentario me había preocupado un poco; pensando que la jardinería en sí misma también podría considerarse una forma de narcisismo,  ¿era yo entonces un narciso por partida doble?
El Sr. G respondió: “El ego y el placer no son conceptos negativos cuando están ligados al potencial del conocimiento de sí mismo. Conocerse es una aventura arriesgada, sea cual sea la forma que ésta adopte, un blog, la práctica de la jardinería o cualquier otra actividad. Al exponerse a los riesgos de tal aventura, el individuo gana independencia y confianza. Hablar de sí mismo no es algo reprochable si este acto se acompaña del deseo sincero de conocerse y de estimar su propio valor. La aventura de conocerse requiere mucho coraje, y también  requiere movimiento, acción, poniendo en funcionamiento todos los sentidos, no solo la vista y el oído, sino también el tacto y el gusto”. 
El Sr. G insistió en que un buen jardinero debe tener todos los sentidos siempre despiertos: “Hay que estar muy atentos para poder descifrar el mensaje que se esconde en las cosas visibles cotidianas, si se desea comprender aquel otro mensaje que revelan las cosas invisibles. Un jardín de una casa adosada no es solo una zona de paso, es un umbral: un principio, un comienzo, un pasaje a un estado diferente, un punto crítico  a partir del cual ciertas experiencias o acontecimientos pueden crear desequilibrios providenciales”.

Según el Sr. G, mi jardín es un lugar tranquilo donde puedo aprender a ex-peri-ment-ar el mundo, es decir, a percibirlo más allá de mi mente, ejercitando mis cinco sentidos.


 

 

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