sábado, 19 de agosto de 2017

212. AIRE



Cuando un árbol, animado por la abundancia de sol y de agua, se sobrecarga de ramas y de hojas, llega a un estado en que le resulta difícil encontrar suficientes nutrientes en el suelo para mantenerse y comienza a ahogarse en su propia frondosidad. Sus hojas se enferman, se deforman, se marchitan y se caen aun en pleno verano. En ese momento, el árbol necesitaría poder moverse y salir a buscar nuevos entornos donde recuperar fuerzas y rejuvenecer, pero sus raíces se lo impiden. 
Así estaba mi naranjo ayer, deseando escapar de mi jardín y hacer turismo quién sabe adónde. Saqué entonces mis tijeras de podar y mi escalera y me dispuse a aligerarle la copa, eliminando ramas sobrantes para que el aire pudiese circular entre la espesura. Mientas hacía esto, estuve pensando en cómo los humanos estamos muchas veces tan anclados al suelo como un árbol. Y a falta de un jardinero que nos quite todo lo que nos sobrecarga, nos procuramos pequeñas escapadas para conseguir una bocanada de aire y fortalecernos. 
Cabría preguntarse qué valor tiene esta vida en la que los mejores momentos nos parecen esos periodos de evasión. Y, siendo así, es extraño que, pese al progreso tecnológico, hayamos construido una sociedad en la que nos concedamos tan poco tiempo de vacaciones y donde la mayoría debamos respirar a la vez, en el mes de agosto.

Fuente: el Jardinero Tranquilo en La Voz del Sur


lunes, 14 de agosto de 2017

211. PINTAR SIEMPRE PINTAR



"Pintar, pintar, siempre pintar, y una vez más pintar, lo mejor posible, 
lo vacío y lo pleno, lo ligero y lo denso, lo vivo y el aliento..." [Zao Wou-Ki]




Los libros de jardinería raras veces explican que el cuidado del jardín conlleva también pasar muchas horas simplemente barriendo flores y hojas marchitas, reparando los muros del jardín o pintando...



Las rosas de siria desechan cada día cientos de flores marchitas



sábado, 12 de agosto de 2017

210. DE BREVAS A HIGOS



En el tiempo que va desde la cosecha de brevas, por San Juan, a la de higos, por San Miguel, transcurre el verano entero. Hoy sábado 12 de agosto estamos a 48 días de ambas fechas, es decir justo a la mitad de ese período, en ese preciso momento en que no pasa absolutamente nada, en que todo parece estar suspendido entre lo que ocurrió antes de las brevas (recordemos…) y lo que está por venir después de los higos, con la llegada del otoño. Si nos figuramos ese tiempo como un camino, hoy estamos en ese punto que se encuentra a la misma distancia del lugar del que vinimos y de aquel al que nos dirigimos.
Por esta razón, según como se mire, hoy puede ser el día más desesperante del año, en cierto modo semejante al limbo, al no sentirnos ni en el cielo ni en el infierno, o al contrario el día más tranquilo, viviendo ese estado fugaz en que uno se siente libre de presiones pasadas y futuras y cree poseer todas las aptitudes del mundo para la felicidad...


sábado, 5 de agosto de 2017

209. ENTRE ALGODONES


Tras la cosecha del trigo, mientras termina de secarse el girasol, han comenzado a florecer en nuestra comarca los campos de algodón. La superficie de estos campos se ha reducido mucho en los últimos años, seguramente debido a que el cultivo del algodón es insostenible en las actuales coyunturas, al requerir demasiada agua cada vez más escasa, demasiado abono cada vez más caro y también demasiados pesticidas cada vez mejor controlados.
El algodón, cuyo nombre deriva del árabe al-qutn, está profundamente ligado a la cultura de los países del sur. En Europa se cultiva principalmente en Grecia y en España. Se cultivaba en Al-Ándalus hace más de 700 años. Los andaluces de entonces sembraron el algodón y otras plantas como el arroz, la caña de azúcar, las sandías, las berenjenas, los naranjos, los limoneros y las palmeras datileras. Con estas plantas, desconocidas en aquella época a este lado del Mediterráneo, los árabes trajeron también nuevas técnicas, nuevos usos y nuevos saberes, modelando con sus ambiciones y sus sueños los paisajes y las costumbres que hoy perviven en la Andalucía rural.
Reconocer a los árabes sus contribuciones a nuestra cultura es recordar una evidencia: vivimos en una región mestiza a la vez europea y africana. Todos nuestros ancestros deberían ser glorificados equitativamente.